Un “juntahuesos” candidato al Nobel: Cárlos Rusconi.

           “Un juntahuesos candidato al Nobel”

 

Carlos Rusconi

(1898 – 1969)

 

Carlos Rusconi nació el 2 de noviembre de 1898 en la ciudad de Buenos Aires y falleció en Mendoza el 22 de febrero de 1969. Su primer entusiasmo o vocación, fue por el arte. Pintaba y esculpía proporcionándole estas tareas los medios necesarios para las necesidades cotidianas y para dedicarse a su verdadera pasión: desentrañar los misterios silentes de la tierra. Sus primeras indagaciones como paleontólogos  las realizó antes de cumplir los 20 años, escudriñando las riberas del Plata, en especial los toscales ubicados en las estaciones de Olivos y Anchorena, tal como lo habían precedido renombrados especialistas del siglo XIX. Es asombroso que este autodidacta que apenas llegara al tercer grado de la escuela primaria, aprendiera por cuenta propia inglés, francés, italiano y portugués, para acceder a trabajos científicos. Esta inquietud científica le hizo adquirir conocimientos que le valieron ser adscripto Ad-Honorem de Paleontología en el Museo Nacional de Buenos Aires desde 1919 a 1930, donde tuvo la suerte de conocer a quienes fueron sus maestros: Carlos Ameghino y Lucas Kraglievich. Dice Fernando Novas que  el grupo de paleontólogos gestado en la década del 30 en el Museo era de alto nivel: lo encabezaban Carlos Ameghino y Lucas Kraglievich, y lo secundaban Alfredo Castellanos, Carlos Rusconi y hábiles técnicos como Lorenzo Parodi, conocido por sus investigaciones y hallazgos en las barrancas de Miramar. Lamentablemente, como hemos visto en otra ocasión, el conflicto con Martín Doello Jurado, que detentó la dirección del Museo desde 1923 hasta 1946, ocasionó el alejamiento del grupo de trabajo de los gabinetes del Museo.

El conflicto dentro de la institución alcanzó tal grado de convulsión, que en un  trabajo publicado en 1931 referido a los fósiles hallados en el Mercado del Abasto, Rusconi expresó con crudeza:

            “Tanto estas como otras obras que por su importancia – sea geológica o paleontológica – tendrían que ser vigiladas por personal enviado por la dirección del Museo de Buenos Aires, sin embargo, esta última actualmente demuestra una indiferencia casi absoluta”.

Rusconi se solidarizó con Lucas Kraglievich, quién debió exiliarse en el Uruguay, donde falleció al poco tiempo, y nuestro erudito fue “premiado” en 1932, con el rango de “guardiafieras” del Jardín Zoológico de Buenos Aires. Asumió esta humillación con la entereza de un estoico, según sus palabras “por algo había que empezar” y finalmente en 1936 sus méritos fueron reconocidos al otorgársele el cargo de Jefe de la Sección de Mastozoología. Más de una vez los avatares del destino han sido crueles con nuestros sabios, la vida de los Ameghino, Kraglievich y otros, así lo atestiguan; quienes supieron suprimir el dolor producido por las contrariedades y las bajezas humanas, para actuar de verdad en aras del engrandecimiento de la ciencia de nuestra patria.

Es de destacar que para entonces Carlos Rusconi ya poseía una frondosa producción de campo iniciada en 1917. En 1922 había comenzado a escudriñar las excavaciones que se realizaban para la construcción del puerto de Buenos Aires y en otros lugares de la ciudad donde se realizaban grandes obras públicas, fruto de sus observaciones fue la publicación, en 1937, de la Contribución al conocimiento de la geología de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores y referencia de su fauna, con el auspicio de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba.

Ya el año anterior había llegado la merecida retribución a sus esfuerzos: en 1936 el gobierno de la provincia de Mendoza le ofrece desempeñarse como director del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas “Juan C. Moyano”, cargo que ejerció durante treinta años hasta su renuncia en 1969. Bajo su dirección ingresaron al Museo unas 33.000 piezas, entre ellas unos 500 tipos. Como este material se halla perfectamente documentado por haber sido retirado directamente del terreno por el investigador, su valor científico de acrecienta una vez más. Fue el Dr. Carlos A. Marelli, quién apadrinó esta última designación.

La valoración de los trabajos del profesor Rusconi fue tal, que la Academia de Ciencias de Buenos Aires propuso a la Real Academia de Suecia, al eminente sabio para que le fuera otorgado el premio Nobel. Esta proposición no llegó a realizarse por no estar comprendida las ciencias naturales entre las exigencias de la Academia de Ciencias de Suecia.

Nuestro estudioso fue profesor de Prehistoria en la Universidad Nacional de Cuyo (1939) en su Facultad de Filosofía y Letras. Miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Buenos Aires y asiduo colaborador de los principales periódicos de Buenos Aires y Mendoza, tarea que cumplía ampliándola con la publicación de sus numerosos artículos en el extranjero. Fue Rusconi Miembro del Instituto de Estudios Superiores de Montevideo (Sección Investigaciones Paleontológicas), Vocal del Primer Congreso Nacional de Historia, Miembro de la Sociedad Argentina de Anatomía Normal y Patológica, Co- Director y fundador de la Revista Argentina de Paleontología y Antropología, colaborador de la Gran Enciclopedia Jackson de Buenos Aires.

El 15 de julio de 1935 vio la luz en Buenos Aires la Revista Argentina de Paleontología y Antropología – Ameghiniana, que llegó hasta el número seis, dirigida por Carlos Rusconi en colaboración con Ernesto Andía. Era una revista de un orden muy especializado relacionada con todo aquello que se refiere a la biología de los vertebrados, y en 1947 apareció bajo su dirección la Revista del Museo de Historia Natural de Mendoza.

Publicó más de cuatrocientos trabajos, en más se setenta y cinco revistas científicas de la Argentina (como Physis, Anales de la Sociedad Científica Argentina, Anales de la Sociedad de Estudios Geográficos, Publicación del Museo Florentino Ameghino, Revista de Medicina Veterinaria, Notas Preliminares del Museo de la Plata, La Ingeniería, Revista de la Universidad de Córdoba, El Monitor de la Educación Común, Archivo Nacional de Biología y Medicina, Revista de Odontología, Revista del Museo de Historia Natural de Mendoza) y del extranjero (del Uruguay, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Estados Unidos, Francia, Portugal y otros países.

En cuatro grandes tomos que contienen sus estudios geográficos, etnográficos, arqueológicos y de genealogías aborígenes de Mendoza, publicó Poblaciones pre y post hispánicas de Mendoza, que fue premiada por el ex Senado y la Honorable Legislatura de la provincia de Mendoza, y además la Dirección Nacional de Cultura de Buenos Aires le otorgó el primer premio regional (zona andina) al primer volumen (1961) y mención especial para los tres restantes. Otra de sus principales obras, Animales extinguidos de Mendoza y la Argentina, fue publicada en 1967.

Efectuó más de 760 excursiones, unas 400 realizadas desde Mendoza. Obtuvo numerosos nombramientos y reconocimientos, los cuales fueron destacados por José Más Alós en su Síntesis biográfica de la labor científica de Carlos Rusconi (1967).

Dijo Héctor Grebeslin: “Si Mendoza concertó la visión de acoger en su seno al profesor Rusconi, supo este investigador responder muy bien a tal gesto, registrando su característica fauna extinguida y describiendo en millares de páginas sus particularidades. Hoy Mendoza se siente orgullosa de su obra, como acontece con el país entero”.

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