El Pantano iraquí

El Pantano Iraquí

 

 

                                                           Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

 

 

“Da bronca cuando uno ve a un soldado hecho pedazos, porque se pensaba que esto iba a ser una cosa rápida y no lo es”.

          Faustino Saizar, argentino, sargento enfermero en el Hospital 31 de apoyo de combate en Bagdad.

 

          “El enemigo se ha vuelto asimétrico. Nos emboscan. No hay combate convencional abierto”

          Tcnl. Bryan Mc Coy. Jefe del 3er. Batallón de Marines en Irak.

 

            Era previsible, tan solo un despistado por ignorancia histórica o por sufrir las recurrentes infecciones con la cual esa usina de ideología llamada Hollywood apesta al mundo, podía tragarse la “Misión cumplida” que, disfrazado de “Top Gun”, el presidente-cowboy proclamó desde la cubierta de un portaaviones.

Lo que pretendía ser un desfile triunfal de carrozas romanas sobre un territorio conquistado, se empantanó en una ciénaga inmunda, un arenal de sangre y petróleo donde la “Pax americana” es saludada cada mañana con el estruendo de coches-bomba y el repiqueteo de morteros y metralla. “Guerra asimétrica” la denominan los estrategas (1) en la que insurgentes locales o terroristas internacionales, carentes de alta tecnología bélica pero convenientemente financiados, con buena logística y férrea voluntad de lucha, puede doblegar a naciones poderosas en pequeños conflictos periféricos. Ejemplos sobran: Francia en Argelia e Indochina, La Unión Soviética en Afganistán y los propios Estados Unidos en Vietnam y no hace mucho en Somalia, donde bandas de cazadores-recolectores derribaron dos helicópteros de última generación, parecen corroborar la observación de Henry Kissinger: “La guerrilla gana cuando no pierde y las fuerzas convencionales pierden cuando no ganan”.(2)

“Irak no es Vietnam” repite el Pentágono como una letanía. Es verdad, porque es peor, a esta guerra de supuesta baja intensidad – dado que las fronteras son difusas, contrariamente a conflictos anteriores- se le suma un componente inmanejable: el religioso. “¿Tú mueres por petróleo? ¡Yo muero por Dios! Gritan los mártires. Los días 11 no habría que salir de casa”. La amenaza es real –New York y Atocha lo confirman- y la pregona un Jeque, Omar Bakri Mohammed, jefe espiritual del grupo islámico Al Muhajiroum. La intervención en Irak, más que Afganistán, lejos de arrasar con el cubil del terrorismo no ha hecho mas que expandirlo como una mancha de aceite por el resto del mundo. Sus filas ya no son integradas sólo por talibanes o fundamentalistas sauditas, ahora se incrementan con el aporte de hijos de musulmanes moderados, muchos de ellos nacidos y educados en Occidente, que consideran la embestida norteamericana como un ataque directo al Islam para controlar sus recursos y reorganizar Medio Oriente sobre la base de sus exclusivos intereses.

El atentado a las Torres Gemelas es una de las tantas consecuencias de la Guerra del Golfo librada en la década anterior, cuyo fin primordial y aún no logrado consiste en apropiarse de la arteria de suministro de energía del Imperio. A tal fin, y legitimada por la teoría del “conflicto de las civilizaciones” de Samuel Huntington, parecería confirmarse la hipótesis de una conspiración islámica que abarcaría la guerra civil en Argelia, los ataques de musulmanes radicalizados en Egipto, la inestabilidad de las repúblicas centroasiáticas, la intifada palestina, el apoyo a los musulmanes bosnios, el triunfo talibán sobre los soviéticos, la insurgencia chechena, la guerra civil entre el gobierno musulmán de Jartum y los cristianos del sur del Sudán y el ataque al World Trade Center de New York. Esta supuesta conspiración, cuyo máximo exponente no sería otro que Osama Ben Laden, producto díscolo y extrañamente inasible del laboratorio del Dr. Frankestein, constituye la excusa perfecta para ocupar Asia Central, territorio clave para el control de Eurasia (un espacio geopolítico que abarca la Rusia europea, Medio Oriente, buena parte de la India y China entera hasta el Pacífico. La llave para su dominio es Uzbekistán, primer país donde Estados Unidos desplegó tropas en su expedición punitiva al régimen de Kabul.

Se dice que los argentinos somos propensos a las teorías conspirativas para enmascarar la ineptitud crónica de nuestra dirigencia política, hay bastante de cierto, pero no es este el caso. Nuestra sospecha surge de la lectura del libro “The Grand Chessboard American Primacy and It´s Strategic Imperatives” Basic Books. New York. 1977 (El grandioso tablero de ajedrez. La primacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos), obra del sucesor de Kissinger, el polaco Zbigniew Brzezinki. Asesor de seguridad de Carter, asesor de inteligencia exterior de Reagan y Bush padre. Este académico de consonantes impronunciables delineó hace casi una década la hoja de vuelo del águila americana. “Por primera vez una potencia no euroasiática ha surgido no solo como árbitro fundamental de las relaciones de poder euroasiáticas sino también como máxima potencia del mundo. EE.UU. es en verdad la primera potencia realmente global” dice en la introducción, advirtiendo que en adelante la potencia hegemónica actuará por la convicción de que las relaciones internacionales son relaciones de poder y no de derecho. Su preeminencia universal “depende directamente de cuánto tiempo y con cuánta eficacia sostendrá su dominio en el continente euroasiático” (Pág.30). Arrogante y diáfano, el estratega centroeuropeo define el porqué del objetivo: “La potencia que domine Eurasia controlará dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas del planeta” y ese control “acarreará casi automáticamente la subordinación de África, convirtiendo al hemisferio occidental y a Oceanía en (regiones) geopolíticamente periféricas… la mayor parte de la riqueza física del mundo se encuentra allí… y alrededor de las tres cuartas partes de los recursos energéticos mundialmente conocidos” (Pág.31). Brzezinki es terminante en el diagnóstico a corto plazo:”El consumo mundial de energía aumentará de manera notable en las próximas dos o tres décadas. Estimaciones del Departamento de Energía de EE.UU. anticipan que la demanda mundial se elevará más del 50% entre 1993 y 2015 y en el Lejano Oriente tendrá lugar el incremento más importante del consumo… la región de Asia Central y la cuenca del Mar Caspio tienen reservas de gas natural y petróleo que empequeñecen las de Kuwait, el Golfo de México y el Mar del Norte” (Pág.125). Esto fue publicado hace más de un lustro ¿Será por ello que el comandante de las fuerzas norteamericanas en Afganistán advirtió sobre la necesidad de trasladar la guerra a otros países? Leemos un cable de Reuters: “Las relaciones que tenemos con los países lindantes nos permitirán desarrollar a lo largo del tiempo el trabajo que todos sabemos debe ser hecho” dijo el general Tommy Franks, titular del comando central norteamericano, desde Kabul. A pesar que Washington incluyó a Irán en su “eje del Mal” – los países que auspician el terrorismo- Franks sugirió que la guerra contra el terrorismo también debería extenderse a esa nación islámica tanto como a Pakistán –histórico aliado de la Casa Blanca- Tadjiskistán y Turkmenistán” (La Nación 25/8/02). Declaraciones de este calibre nos hacen recuperar en su mayor dimensión la idea del “imperialismo”, que había sido abandonada vergonzosamente tras la derrota del comunismo y luego diluida – según Atilio Borón – en la categoría de “imperio” tal como la usaron Tony Negri y Michael Hardt.

 

El que acecha en el umbral

 

          A los no muy lejanos escándalos financieros de sus megaempresas (Enron, Wordcom, etc.) donde se birlaron las jubilaciones de los “plomeros y carpinteros norteamericanos” con un estilo no muy diferente al de los corruptos políticos de la despreciada Latinoamérica, debe sumarse las presiones del complejo militar-industrial gravemente afectado por la desaparición del “imperio del mal”, singular denominación con la cual Reagan se refería a la Unión Soviética. En consecuencia, el episodio del 11 de septiembre viene como anillo al dedo para justificar una “guerra preventiva”, una guerra seudo-religiosa contra uno de los integrantes del “eje del mal” (Irak, Irán, Corea del Norte) y establecer un Yalta petrolero con su socio privilegiado: Gran Bretaña. Es que las reservas probadas de petróleo ubican a Irak segundo en el ranking mundial, después de Arabia Saudita. Unos 112.000 millones de barriles (alrededor del 12 por ciento de las reservas mundiales) de uno de los crudos mas codiciados y de menor costo de explotación. El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso llamó al petróleo “el excremento del diablo”. Irán también posee hidrocarburos, pero al mismo tiempo una fuerza militar intacta y posible armamento atómico. Corea no tiene ningún recurso apetecible, salvo tecnología nuclear y la protección del hermano grandote que pega  y es la niña mimada de las inversiones del planeta: China. El destino de Saddam Hussein estaba sellado.

La convocatoria a vengar la afrenta sufrida, intentó desviar la mirada de la opinión pública norteamericana de sus problemas domésticos, alimentando su evidente paranoia que se manifiesta desde sus productos fílmicos (“La conspiración”, “J.F.K.”, “Los expedientes secretos X”, etc.) hasta el Ku Klux Klan, las “Milicias de Michigan” y otros grupos demenciales. La obra de Michael Moore y los escritos de Susan Sontag y Noam Chomsky me eximen de comentarios. El enemigo está afuera, pero también puede estar adentro. Ayer fueron los rusos, hoy son los árabes y el narcotráfico, mañana serán los alienígenas o los fumadores. Pero siempre habrá alguien acechando, odiando la libertad, aborreciendo el american way of life, por lo que se acepta la delación y el recorte de libertades garantizado por la Constitución – algo impensable pocos años atrás – y se justifica cualquier tipo de acción unilateral, contrariamente a la anterior Guerra del Golfo que contó con el aval de la ONU.

El mesianismo de la política exterior norteamericana, el “Destino Manifiesto” y la frontera permanente no es nuevo, se manifestó en los albores de su emancipación. Incluso, entre 1909 y 1913 el presidente Taft se permitió decir: “Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como en virtud de nuestra superioridad de raza (sic) ya es nuestro moralmente”. A lo cual su coterráneo Mark Twain le contestó irónicamente: “ La bandera norteamericana no tiene que tener las cuarenta y ocho estrellas, sino cuarenta y ocho calaveras”. Esta pretendida superioridad moral, de la cual una gran parte de la población norteamericana (no toda) y la casi totalidad de la actual administración cree poseer por mandato divino, protegería a los Estados Unidos de la corrupción y perversión que afecta al resto de la humanidad. Que lo digan es una cosa, pero que  se lo crean es otra. Y lo increíble es que están convencidos de que lo que sucedió en la cárcel de Abu Ghraid es una anomalía del sistema y no el sistema mismo. Esto va mas allá de una hábil manipulación de la opinión pública al estilo de Goebbels o el “Gran Hermano” de Orwell, es la visión maniquea del mundo que sus Iglesias electrónicas predican y que como una gangrena avanzan sobre Latinoamérica. Baste decir que uno de los grandes éxitos editoriales del país del norte son los libros de Tim LaHaye. Pero, ¿quién es este fulano? “Sus primera 11 novelas de la serie “Abandonados”  – la duodécima salió a la venta hace dos meses- llevan vendidos 58 millones de ejemplares y el tema que anuda a todas ellas es una transcripción literal del Libro del Apocalipsis y de la epístola de San Pablo a los tesalonicenses. En ellos se presagia que Cristo descenderá del Cielo en su Segundo Retorno y convocará a los “verdaderos creyentes”, quienes desaparecerán en lo que se denomina “el éxtasis”. Abandonados en la Tierra quedarán los no creyentes, una categoría que no solo incluye a los ateos, sino también a los católicos, anglicanos, luteranos, judíos y musulmanes, quienes sufrirán siete años de calamidades y catástrofes antes que Jesucristo reaparezca para su batalla final con el anticristo, que tendrá lugar en Israel, donde el demonio será derrotado y sobrevendrán mil años de paz” (3).

En muy poco tiempo, este trastornado construyó una extensa red de iglesias, escuelas y seminarios donde adoctrina acerca del sexo, el matrimonio y la vida cristiana y advierte sobre los peligros del evolucionismo, Freud, el Catolicismo y el feminismo. En comparación, hasta el Opus Dei nos parece progresista, pero lo peligroso es que detrás de este delirio se encuentran muchas de las pautas que definen el pensamiento de varios integrantes de la administración Bush, incluido el primer mandatario, que ha sabido instrumentar perversamente los sucesos del 11 de septiembre para azuzar a su población a interpretar los acontecimientos mundiales como predicciones bíblicas. Pero lo hechos son más prosaicos, Irak no es Armagedón, es tan solo una pieza de un mosaico más complejo. Al imperio le preocupa la existencia de zonas de influencia y apetitos de países – Rusia, China, Irán, Turquía – que podrían entorpecer el proyecto hegemónico. Brzezinski aconseja dar “un gran valor a las maniobras y manipulaciones destinadas a impedir el surgimiento de una coalición hostil que eventualmente desafíe la primacía de EE.UU.”(Pág.108). “La tarea más urgente es garantizar que ningún Estado o combinación de Estados obtenga la capacidad de expulsar a EE.UU. de Eurasia o incluso disminuir significativamente su decisivo papel de árbitro” (Pág.198). Es más “Para usar una terminología que recuerda la era más brutal de los antiguos imperios, los tres grandes imperativos de una geoestrategia imperial consisten en impedir la convivencia entre vasallos y asegurar su dependencia en materia de seguridad, mantener la docilidad de los tributarios e impedir que los bárbaros se unan” Es decir, el combate perpetuo, la contienda perenne, en palabras del inefable Dick Cheney, la guerra contra el terrorismo “no puede terminar en nuestras vidas”

 

“We want the world and we want it now”

 

Otra vez Brzezinski nos habla sin sutilezas: “Uzbekistán representa el obstáculo mayor a cualquier renovado control ruso de la región” (Pág.121) y es “de hecho el candidato más importante a detentar el liderazgo regional en Asia Central” (Pág.130) “Kazajstán es el escudo y Uzbekistán el alma de los despertares nacionales (antirusos)” (Pág. 130). Mientras Estados Unidos pulsea con el Oso Ruso por la pequeña Georgia, ya ha instalado bases en los países mencionados y en otros siete más de la región. Pero la intervención en Irak apunta más lejos: “desislamizar” el Medio Oriente, “modernizar” un territorio sumido en el atraso por dinastías teocráticas que, curiosamente, fueron firmemente asistidas militar y políticamente durante la Guerra Fría para neutralizar los movimientos nacionalistas inspirados  en el General Nasser. Pues si algún nubarrón avizora en el firmamento el asesor de seguridad – según plantea en el capítulo veinticuatro de “El Gran Fracaso” – este no es otro que la sombra del nacionalismo, más presente que nunca en el post-comunismo..

El “cambio de régimen” en Irak y la campaña contra Al Qaeda no es otra cosa que el prólogo a un programa norteamericano de varias décadas para cambiar virtualmente a todo Medio Oriente, e instalar una reforma social y económica. Todo Medio Oriente, mas Asia Central, Afganistán y Pakistán serán incluidos en esta política, mas un acuerdo árabe-israelí aceptable para Israel, un “cambio de régimen” en Irán, al igual que en Irak, y apoyo a la sociedad civil en toda la región, particularmente entre los actuales aliados (es decir: Egipto, Arabia Saudita y probablemente los emiratos del Golfo). Esta “Pax Americana”, esta remozada versión de la cruzada democratizadora que Estados Unidos impuso a la Europa y el Japón de posguerra – asistencia económica a cambio de posiciones estratégicas en los territorios “liberados” de la dominación autoritaria – es la versión aggiornada de la “pesada carga del hombre blanco” de Kipling. Norteamérica sume el rol de la Inglaterra Victoriana y autoconstituida en el heraldo de la modernidad y la libertad envía a sus legiones, como otrora fueron las flotas de Su Graciosa Majestad, para abrir el comercio – en este caso los grifos petroleros – a “el único sobreviviente del progreso humano” según palabras del propio Bush. Así como Gran Bretaña construyó una falsa teoría antropológica para legitimar su dominación – el evolucionismo unilineal – merced a la cual las poblaciones asiáticas y africanas debían ser despertadas de su letargo para conducirlas al sistema de vida que había probado ser el mejor, tanto en el terreno político como en el científico, el engendro de la nueva falacia: la globalización, recorre el mundo enjaezado en el lábaro de las barras y las estrellas. Sobre la base de este nuevo artificio ideológico, el mundo es articulado como una simple “red de conexión eléctrica internacional, con sus usinas, estaciones de distribución, ramales principales y secundarios, interruptores y leyes generales y específicas. Cuando existe una sobrecarga o una resistencia mayor a los cálculos de los ingenieros que la han proyectado y ejecutado, se produce un cortocircuito. Ello equivale a un golpe de estado, una dictadura, el ascenso de una fuerza no imaginada, o un conflicto local. Si se generaliza como contracorriente ocurre una extensión del contrasistema o del conflicto”(4). Esta imagen del politólogo Horacio Cagni, certera por cierto, se ajusta con precisión entomológica a la realidad, ya que es la prédica de los ideólogos internacionalistas, desde Marshall Mc Luhan y su “Aldea Global” hasta Francis Fukuyama y “El fin de la historia”.

Así, cualquier resabio de soberanía, de identidad cultural, de vitalidad religiosa, será visualizado como una sospechosa manifestación de perturbación del orden establecido y será objeto de una “guerra preventiva”. Ayer fue Malvinas, hoy es Irak y Afganistán, mañana pueden ser Cuba, Colombia o Venezuela. Todo gesto que amenace la armonía del orden impuesto por el poder hegemónico será objeto de una purga ejemplificadora. De esta forma, el genocidio será considerado reestablecimiento del equilibrio o daño colateral y la injerencia en los asuntos internos de otra nación como la ayuda recíproca para el mantenimiento de la democracia. Sus mentores podrán recibir, como Kissinger, el Nóbel de la Paz, y James Johnson – artífice al bombardeo de Bagdad del 91 – podrá declarar sin que nadie se escandalice, que aquella jornada fue la más excitante de su vida, aunque hubiera preferido “mas llamas ardiendo” (“Clarín”,19/1/91).Eduardo Pavlovsky, prestigioso psicoanalista y dramaturgo, refiriéndose a la guerra de Afganistán, señalaba: “David Cooper, un antipsiquiatra inglés, decía que cualquier actitud irracional adquiere inteligibilidad cuando se hace una lectura de espectros más amplios. Hay un problema con los barriles en el Golfo Pérsico y el gasoducto de Afganistán. Se lo reparten con Jacques Chirac y Tony Blair que también se vuelven fanáticos de golpe, tomando en cuenta esto el problema adquiere inteligibilidad. Sin tener en cuenta estos intereses que están en juego es difícil entender este conflicto”.También adquiere inteligibilidad que la Argentina haya violado su tradicional política de no-alineamiento.

Sin consultar a sus vecinos y aliados naturales – que prudentemente se abstuvieron de involucrarse en el conflicto – el gobierno menemista en una muestra de obsecuencia y servilismo que hubiera asqueado al mismísimo Gunga Din, decidió enviar naves de guerra al Golfo. Para ello se montó una intensa campaña mediática donde lenguaraces rentados, desde la memorable parejita de “Tiempo Viejo”, pasando por el estrafalario Escudé y el “alegre “ Jorge Casto, más una serie de “movileros” desconocidos y olvidables, pontificaban sobre la inserción de la Argentina en el Primer Mundo. Ningún rédito favorable obtuvo nuestro país de su participación en esta aventura, excepto la pérdida de una balaza comercial sumamente favorable con Irak y una participación patética en el “Desfile de la Victoria” de Nueva York. De no ser trágica la situación de la Argentina, hoy llamaría a risa las declaraciones del entonces Canciller Guido Di Tella: “La Argentina participará en la reconstrucción de Kuwait”. La Nación del Plata fue el alumno más aplicado de la cátedra del FMI., incluso accedió a la curiosa categoría de “aliado extra-OTAN”. Los beneficios están a la vista.

Es que los operadores nativos de la ideología mundialista, entendida ésta por una adscripción acrítica a una mal entendida occidentalización, aplicaron el alineamiento automático con los Estados Unidos – que con el lenguaje propio de un pederasta denominaron “relaciones carnales” – en la ingenua presunción de que la genuflexión ante el amo era el pasaporte para acceder a su despensa. Y éste es el verdadero “ pensamiento mágico”, tan falto de racionalidad como el del supuesto populismo que tanto denostan.

Pero volviendo al estratega Brzezinski, advertimos qué este tiene un temor: “La actitud de la opinión pública norteamericana respecto de la proyección exterior del poderío estadounidense ha sido muy ambivalente. Apoyó la entrada en la Segunda Guerra Mundial sobre todo por la conmoción que provocó el ataque japonés a Pearl Harbour” (Págs. 24 y 25) y “ como Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en una sociedad multicultural, podrá ser cada vez más difícil lograr consenso en cuestiones de política exterior, excepto en caso de una amenaza externa directa, realmente masiva y ampliamente percibida” (Pág. 211). No resistimos recordar el confuso episodio del acorazado “Maine”, origen de la guerra hispano-yanqui de 1898, que marcó el definitivo eclipse del Imperio Español y el ascenso de Estados Unidos al rol de potencia mundial, el reemplazo del Viejo Mundo por el Nuevo y la génesis de la actual globalización. Un suceso tan sospechoso como el supuesto desconocimiento de la amenaza japonesa previa a Pearl Harbour. Un incidente tan dudoso como el del Golfo de Tonkín, que sirvió de justificativo para la escalada bélica en Vietnam. ¿Será entonces que Washington sabía de los atentados del 11 de septiembre y los dejó venir? ¿El mundo está convulsionado por una guerra calculada con frialdad y antelación? ¿Para establecer una dictadura mundial en los próximos cinco años, según el Dr. Johannes Koeppel, ex Ministro de Defensa de Alemania y luego asesor del entonces secretario general de la OTAN, Manfred Warner? Hay quienes contestan afirmativamente a estos interrogantes, como el francés Therry Weyssan en su libro “La horrible impostura”. “We want the world ande we want it now” (Queremos el mundo y lo queremos ahora) dice la canción. Tal vez la premura se explique por el único párrafo esperanzador  que deja traslucir este orwelliano pronóstico: “ A largo plazo, las políticas globales serán cada vez más incompatibles con la concentración del poder hegemónico en un solo Estado. Por lo Tanto, Estados Unidos no solo es la primera y única superpotencia mundial que haya existido nunca sino que probablemente será la última” (Pág209).

“El águila ha vuelto a volar” se escuchó decir en el Salón Oval de la Casa Blanca, pero al parecer, a orillas del Éufrates la están bajando a gomerazos. Los Estados Unidos están perdiendo la guerra estratégica en Irak., el gobierno títere armado entre gallos y medianoche no es aceptado por la mayoría de la población y para peor, el “nuevo orden” que el águila americana quería imponer se ha transformado en un cambalache de puta madre donde se corre el serio peligro de una fragmentación en tres sectores que desestabilizarían aún más la región. Un sector Chiíta al sur (con el consiguiente peligro de una futura anexión a Irán), un sector Sunnita en el centro y un Kurdistán independiente al norte (que ya está expulsando los pobladores árabes que Saddam envió como colonos) para terror de Turquía, el único integrante de la OTAN de confesión musulmana. Es que las guerras no se ganan en el plano táctico o estratégico, sino en el político. Esta es una verdad de Perogrullo conocida desde tiempos inmemoriales. Al respecto conviene recordar la misiva que uno de los hermanos de Napoleón, a la sazón gobernador de Westfalia y jaqueado por levantamientos civiles, le envió al Emperador pidiéndole auxilio; este le contestó “Por Dios, hermano, tienes bayonetas, úsalas”. La respuesta no se hizo esperar: “Hermano, con las bayonetas puedo hacer de todo menos sentarme sobre ellas”.

 

(1)  Tcnl. Carlos Pissolito, “La guerra contra el terrorismo internacional y los paradigmas estratégicos” y My. Gonzalo Martín Ramírez “Guerra asimétrica”.  En “Revista Militar” Mayo-Diciembre 2003-Nº 759 Bs.As.

(2)  The Vietnam Negotiations, Foreingn affaires, enero, 1969, 214.

(3) Diament, Mario “Apocalipsis, religión y política” en “La Nación”, 3/4/04

(4)  Cagni, Horacio, “El totalitarismo democrático”, en “Cuadernos de la Reconquista”, Nª 2 Bs. As. 1990 , P.24-34

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